Tuesday, October 10, 2006


PREÁMBULO
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La Teocracia Ecuménica y Apostólica
Es a todos los derechos un Servicio a la Reconciliación
De la Humanidad con Su Creador,
Y por el Renacimiento y la Salvaguarda
De las tradiciones de nuestra Ilustre Civilización
Y de sus Valores Espirituales
En un sentido de culto inmemorial, de reverencia
Y de Educación.
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Las Dinastías Teocráticas y todas sus Instituciones,
Son custodios de una misión Espiritual,
Moral y Cívica,
Trabajando por la Evolución del Hombre
Y la constitución del Reino de Dios,
De Libertad y de Sabiduría.
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La preparación de la Humanidad para la Salud,
La Redención, y la libertad perfecta,
La Búsqueda de la Paz
Y de la Justicia,
Son los ideales Sagrados de la Teocracia.
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La realización del Amor de Dios
Y del Amor que proclama
Siendo la voluntad del Cristo Eterno,
Es la devota misión que une a los Príncipes Teocráticos.
La salvaguarda y Celo de los Orígenes,
La Teocracia es una Comunidad visible,
Jerárquica, justa y libre,
Erigida como salvaguarda de los valores de la Tradición,
Y de la espiritualidad.
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Las Dinastías Teocráticas y sus Instituciones,
Ecuestres, Nobiliarias, Misionales,
De Cultura y de Beneficencia,
Promueven valores
Y son instrumentos de nuestro Servicio,
Y el deber Santo,
De esta misión sagrada,
Por la Gloria de Dios, y el Bien del Hombre
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Las Dinastías Teocráticas y sus Signos
De Luminosidad y de Fidelidad,
Son custodios y servidores de las tradiciones
De memorias Ilustres.
La preservación y la difusión de las Herencias
Singulares
De la Espiritualidad, de la Cultura y del Civismo,
Donde las familias con la responsabilidad del Honor,
Símbolo Insigne, de la Custodia
Proclaman la tradición de su Sangre.
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Por tanto, la Teocracia Ecuménica, esta por encima
De facciones políticas,
Y de la política en general,
Esta por encima de la invención, y la subsistencia de los Estados
Y de los Gobiernos.
Ella persigue fines mas Altos, mas Nobles
Y más definitivos.
La Teocracia se erige en la Historia,
Con la experiencia de los Siglos
Guiada por Dios,
Para Glorificar, y proclamar su Reino Eterno.

Extracto de la Proclamación del 6 de enero 1.906 A.D.
Dirigida al Consistorio Sagrado de los Príncipes Ortodoxos, Teocráticos y Legitimístas, por S.M.I.R.A. Dom. Pius Flavius Florentius Amandus Leontius III Constantinus Augustus, Q.E.P.D.
Princeps de Sauto Emmanuelis Flavius Cantacuzennus Palaeologus
(1.902-1.909)

Protector y Gran Moderador del Consistorio.

GRAN MAESTRAZGO
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S.M.R.I. Kyria María Rosa Augusta O.S+G, Princesa de Septimio-Bathzabbay el Tadmur, Teokratisa de Oriente, Basilisa.
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La Dinastía de los Septimio-Bathzabbay el Tadmur, son una Casta donde las mujeres marcaron y definieron lo que serían los cimientos intelectuales de los Imperios, y hasta el cambio de creencias, Cismas y divisiones que forjaron la cultura y la civilización de hoy en día, sin necesidad de revoluciones y luchas de sexo; su carácter y su linaje, forja de héroes no tenía que demostrar lo que era innegable.
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Fueron las dinastías Teocraticas, las que dieron identidad al espíritu materno y femenino, guerrero e intrépido de ciertas amazonas del pasado, como la Basileus y Teocratisa Zenobia, a través de la Orden de Zenobia Augusta, fundada para dar honra a la memoria de, tal vez la inspiradora de un Imperio y una civilización, aunque muchos historiadores no tengan conciencia de ella.
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Esta Orden, que constituye una venerable corporación de señoras fieles al evangelio de Cristo, y a la práctica de la Caridad, representa una insignia de honra, en la gran tarea de elevación espiritual y cultural a la Humanidad, Orden a la que el Teocrator no puede pertenecer, el Gran Magisterio, es asumido por la consorte femenina.
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POR LA DEFENSA DE HACER VALER LOS DERECHOS DE LAS MUJERES
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Desde que la francesa Olympe de Gouges fuera guillotinada en 1793 por rebelarse contra el poder y sostener que las mujeres tenían derechos de ciudadanía, han pasado más de trescientos años. Pero sus ideas que quedaron plasmadas en la célebre Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791, siguen vigentes. Como también de alguna manera, el libro Defensa de los Derechos de la Mujer de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft publicado en 1792. El espíritu de ambos documentos sigue inspirando la agenda de los movimientos feministas en el mundo en relación al reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.
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El 10 de diciembre de este año se cumplirán 50 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este año también se conmemora el quinto aniversario de la II Conferencia Mundial de Derechos Humanos, realizada por la ONU en 1993 en Viena, donde se produjo un hecho histórico: el reconocimiento de los derechos de las mujeres como derechos humanos. Ambas fechas son el eje central de la Campaña de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos de las Mujeres contra la violencia y convocada también por el movimiento internacional de mujeres para reclamar por las omisiones de la Carta Magna.
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Algunos hitos
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La evolución del concepto de derechos humanos ha ido acorde con las épocas y los acontecimientos. En 1776 fue recogido por primera vez en la Declaración de los Derechos de Virginia (EE.UU.), y en 1789 en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fruto de la revolución francesa. En ninguno de estos documentos se consideró a las mujeres. Serán Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft quienes reivindicarán en sus escritos los derechos de la mitad del género humano. En los primeros años del siglo XX, al calor de la presencia de los movimientos sufragistas y mucho antes de la existencia de las Naciones Unidas, se harán esfuerzos desde el derecho internacional para legislar sobre aspectos importantes de la vida de las mujeres.
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En 1902, en La Haya, se adoptaron convenciones internacionales referidas al matrimonio, divorcio y tutela de menores. Otros acuerdos producidos en 1904, 1910, 1921 y 1933, contenían disposiciones para luchar contra la trata de blancas. En ese momento, el Pacto de la Sociedad de Naciones pedía que los gobiernos aseguraran mejores condiciones de vida para todos y todas. Este organismo también acordó que la contratación de sus funcionarios estaría abierta por igual a hombres y mujeres.
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Como expresa la abogada feminista peruana Gladys Acosta, "había una evolución interesante que llegó a examinar en 1935 los aspectos civiles y políticos de la condición de la mujer y que impulsó un minucioso estudio sobre el estatus femenino en distintos países. Este proceso se interrumpió con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Así, una vez más queda demostrado que la atención a los problemas que vivimos las mujeres se atomizan ante las confrontaciones bélicas".
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En América Latina, el tema de la condición jurídica y política de las mujeres será materia de debate en algunos países donde existían organizaciones feministas que luchaban principalmente por la obtención del sufragio, el acceso de las mujeres a una educación igualitaria, y a recibir igual salario por igual trabajo. En 1923, a raíz de la Quinta Conferencia Panamericana realizada en Santiago de Chile, se acuerda que en todo programa de este organismo se trabaje para abolir aquellas leyes y decretos contrarios a los derechos de las mujeres.
En 1928 se crea la Comisión Interamericana de Mujeres dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA). Este organismo dispone medidas para hacer frente a la discriminación por sexo. En 1938 se adopta la Convención sobre la nacionalidad de la mujer casada, y en 1948 las Convenciones sobre derechos políticos y civiles de las mujeres. Había transcurrido un siglo desde que en 1848, en el poblado estadounidense de Séneca Falls, las primeras feministas sentaran las bases para el reconocimiento de sus derechos como mujeres y ciudadanas.
¿Los derechos del hombre son los de la mujer?
A partir de la obtención de los derechos civiles y políticos, los movimientos de mujeres en América Latina y el Caribe pondrán en debate las debilidades y limitaciones de estos derechos que la realidad cotidiana se encarga de negarlos. Algunas estadísticas lo corroboran:

ª Uno de cada cuatro hogares en áreas urbanas tiene a una mujer como jefa de hogar. El Caribe es la región en el mundo con más alta proporción de mujeres jefas de hogar (35%).
ª La mayoría de las mujeres que trabaja fuera de la casa está en el sector servicios y sus condiciones laborales son precarias (60% a 68%).
ª El fenómeno migratorio en la región ha hecho posible, por ejemplo, la presencia de cerca 50 mil dominicanas en Europa, la mayoría reclutadas por redes de traficantes para ejercer la prostitución.
ª En 1993, un estudio de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, estableció que del 45% al 60% de los homicidios contra mujeres se realizan dentro de la casa y que la mayoría de estos homicidios son cometidos por el marido o el conviviente.
ª Los intentos de suicidio son 12 veces más frecuentes entre mujeres que han sufrido violencia que las que no la han tenido.
ª El Centro de Mujeres Violadas de Ciudad de México, constató que en 1990 alrededor del 15% de las mujeres que solicitaron ayuda quedaron embarazadas como consecuencia de violación.
ª Según un informe realizado en 1997 por el Centro Legal para Derechos Reproductivos y Políticas Públicas con sede en Nueva York, el promedio de muertes maternas en la región es de 194 mujeres por 100 mil nacimientos. La cuarta tasa más alta del mundo. La causa principal es el aborto clandestino realizado en pésimas condiciones sanitarias. La práctica del aborto clandestino llega a los 4 millones al año, de los cuales 800 mil requieren hospitalización por complicaciones. En el Caribe, el aborto representa el 30% de las muertes maternas.
ª Se estima que hay entre 250.000 a 500.000 niñas y jóvenes ejerciendo la prostitución en Brasil.
ª En Centroamérica más de dos millones de niñas y niños entre 5 y 15 años trabajan en graves condiciones de explotación.
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Esta dramática realidad traducida en numerosos diagnósticos, investigaciones, reportajes y propuestas legislativas, está contribuyendo a modificar las tradicionales percepciones acerca de la doctrina de los derechos humanos, en el sentido de que éstos han ido evolucionando de acuerdo a los tiempos y a los cambios sufridos por nuestras sociedades. Como señalan algunas activistas latinoamericanas y del caribe, la lista de los derechos no puede ser estática frente al surgimiento de nuevas necesidades, nuevos retos, y lo que es más importante, nuevos actores y actoras.
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Nuevos escenarios
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Al término de la Segunda Guerra Mundial, la causa de los derechos humanos vuelve a ser preocupación mundial a raíz del drama del genocidio nazi y de la existencia en gran escala de presos políticos y exiliados. En 1948, las Naciones Unidas aprueban la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Un hecho poco divulgado es la presencia de cuatro mujeres que firmaron la flamante Carta: la dominicana Minerva Bernardino, la brasilera Bertha Lutz, además de Virginia Gildersleeves de Estados Unidos y Wu Yi-Tang de China. Este célebre cuarteto luchó para que se reconociera a las mujeres en los contenidos de la Carta y por su inclusión en cargos políticos dentro de la ONU.
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Como afirmara en una oportunidad Minerva Bernardino, la inclusión del término sexo en el artículo 2 de la Declaración, fue una lucha de varios meses. "Yo era delegada plenipotenciaria en ese momento: sólo cuatro mujeres teníamos ese rango, dos de América Latina, Bertha Lutz y yo. Bertha era amiga mía; las otras dos eran de EE.UU. y de China. Había otras mujeres que estaban como consejeras de las delegaciones y, aunque no firmaron la Carta tuvieron un papel central en la tarea de hacer visible el principio de igualdad dentro del documento. Sí, porque para lograrlo trabajamos intensamente durante tres meses consecutivos". Así mismo, estas batalladoras mujeres pusieron en entredicho el término de "Declaración Universal de los Derechos del Hombre", consiguiendo que se cambiara por "Declaración Universal de los Derechos Humanos".
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Otra de las luchas más tenaces de este grupo al interior de las Naciones Unidas, fue constituir la Comisión Sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer donde Bernardino fue elegida Presidenta de 1953 a 1955. Uno de los primeros logros de la Comisión fue consagrar los derechos políticos de las mujeres. La semilla plantada por estas pioneras dará sus frutos veinte años después dentro del marco de la Década de la Mujer de la ONU (1975-1985).
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El primer hecho de importancia en esa década fue el Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres celebrado en Bruselas en 1976, una acción organizada por las feministas del norte. Por primera vez, se tipifican de crímenes contra las mujeres los casos de violencia ahí presentados. Como resultado de este Tribunal, que tuvo amplia cobertura informativa, se creó la Red Feminista Internacional para acciones de apoyo y solidaridad.
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El segundo hecho se da en 1979 cuando la Asamblea de Naciones Unidas aprueba la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, punto de partida para hablar de derechos humanos específicos. El espíritu de este documento es ampliar el concepto androcéntrico de derechos humanos tomando como norma la discriminación basada en el género. Esto significó reconocer que "las mujeres siguen siendo objeto de importantes discriminaciones" y que estas discriminaciones "violan los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana (...), dificulta la participación de la mujer, en las mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica, social y cultural".
Aunque esta Convención y otros instrumentos internacionales posteriores han servido de apoyo para lograr que se reconozca que los derechos humanos de las mujeres tienen la misma validez que los derechos humanos en general, "las bases internacionales más sólidas –advierte la abogada colombiana Carmen Posada– se han establecido durante el decenio de 1990, a raíz del ciclo de conferencias internacionales y cumbres mundiales de gobiernos organizadas por las Naciones Unidas. La II Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993), la IV Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), fueron decisivas para afirmar estos derechos como indispensables para el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz".
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Quizá uno de los logros más importantes de este histórico proceso, sea el enfoque integral que hoy se da a la idea de derechos humanos a partir de la intervención y la presencia de los movimientos de mujeres en los diferentes escenarios internacionales. Como destaca Isabel Duque, Coordinadora Ejecutiva de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual, "la indiferencia que caracteriza a las legislaciones frente a los derechos humanos de las mujeres, tiene que ver con la presencia mayoritaria de hombres en lugares como los tribunales de justicia y también en las organizaciones de derechos humanos". Para Duque la teoría de derechos humanos, nunca consideró con seriedad la vida de las mujeres.
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Pero se están produciendo cambios. Tipificar la violencia contra la mujer como una violación de derechos humanos ha sido un avance dentro de la Declaración y el Plan de Acción de la II Conferencia Mundial de Derechos Humanos. También es un avance, señala la abogada Gladys Acosta, darle el mismo rango de delito, tanto a la tortura cometida por agentes del Estado, como al sufrimiento de la mujer torturada dentro de las cuatro paredes de su casa. O cuando se empieza a encontrar semejanzas entre la detención arbitraria y el compulsivo encierro doméstico decretado por la autoridad paterna o marital.
En 1998, las Naciones Unidas y las organizaciones de mujeres de diversas partes del mundo esperan que estos avances se concreten en compromisos más efectivos tanto de parte de los gobiernos como de los organismos de derechos humanos. Para ello, llevarán a cabo diversas acciones bajo el lema "Una vida sin violencia: es un derecho nuestro", consigna de la Campaña de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos de las Mujeres.

CARTA IMPERIAL DE CREACIÓN DE LA ORDEN DE DAMAS NOBLES DE ZENOBIA AUGUSTA.
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La Royal and Imperial House of Orient, Magnus Regibus Tadmuriensis, Basileus de Iure, la honran desde el 12 de enero de 1.901, fecha de creación de la Orden, por Procedimiento Consistorial Sagrado de S.M.R.I.A. Kyros Iones Daniel I Khristophoros, Megas Basileus (1.867-1.923), de la Teocracia Ecuménica, Orden femenina, que tiene entre sus fines en el Artículo 5:

1- La Mayor Gloria de Dios
2- Colaborar con el crecimiento Espiritual de la Humanidad
3- Reconocer en la Mujer la función de custodio del resto de la Creación, como fuente de vida y de equilibrio
4- Ayudar a la Humanidad en su Pasaje por la Tierra
5- Fraternidad entre los Hermanas de la Orden y entre éstos y otras Ordenes que sientan también amor a Maria Santísima en cualquiera de sus advocaciones
6- Contribuir a recrear una mente, un corazón en la Igualdad de las mujeres ante los Hombres.
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Bajo su protección, como preceptor de ella y de sus hijos estuvo Pablo de Samoasta, de quién sería discípulo Arrio. Zenobia fue mecenas del conocimiento y de las ciencias en Oriente.

HISTORIA DE ZENOBIA
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De las luchas internas romanas que sucedieron a la captura de Valeriano por el persa Sapor resulta vencedor en 261 Odenato de Palmira, cónsul en 258. Reconocido como Dux Romanorum o corregente por el emperador Galieno y con un poder prácticamente independiente de Roma, Odenato mantendrá firme la frontera oriental del Imperio Romano frente a los sasánidas hasta su muerte en 267. A partir de ese momento su viuda Septimia Zenobia rompe con Roma y proclama emperador a su hijo Vallabath con vistas a crear un imperio con centro en Palmira. Zenobia actuó como soberana de un reino que llegó a dominar Asia Menor, Siria, Mesopotamia y Egipto, acuñó moneda con su propia efigie y se mantuvo en el poder hasta ser derrotada en 273 por el emperador Aureliano, que reincorporó el Oriente romano al dominio imperial.
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El texto reproduce por entero la biografía de Zenobia que, redactada por Trebelio Polión, figura englobada en el capítulo «Los treinta usurpadores» contenido en la Historia Augusta, una recopilación de biografías de emperadores, césares y usurpadores desde Adriano a Diocleciano. Se trata de una obra muy problemática como fuente histórica, en la que se perciben diferentes autores y diferentes fases de redacción, y que ha sido datada entre finales del siglo IV y comienzos del V, si bien otros autores la sitúan en época constantiniana. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).
Ya no quedaba ningún pudor; en las penosas circunstancias por las que pasaba el Estado, se llegó a tal punto que, mientras Galieno se comportaba de un modo incalificable, las mujeres, incluso, gobernaron de manera brillante, y aún las extranjeras. En efecto, una extranjera, de nombre Zenobia, de la que ya se han dicho muchas cosas, quien se jactaba de proceder del linaje de las Cleopatras y los Ptolomeos, después de la muerte de su marido Odenato, cubrió sus hombros con el manto imperial, adornándose con las vestiduras de Dido y admitiendo incluso la diadema. Ocupo el imperio en nombre de sus hijos, Hereniano y Timolao, más tiempo del que una persona del sexo femenino podía soportar. Pues esta orgullosa mujer desempeñó las funciones de un rey, durante el mandato de Galieno y mientras Claudio se encontraba ocupado en la guerra con los godos, y sólo cuando con gran dificultad fue vencida por Aureliano y llevada en su triunfo, se sometió a la ley de Roma.
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Se conserva una carta de Aureliano que testimonia el cautiverio de esta mujer. En efecto, como algunos le recriminaron que él, el más valeroso de los hombres, llevase en su triunfo a una mujer, como si se tratase de un general cualquiera, él, enviando una carta al senado y al pueblo romano, se defendió en tales términos: «Oigo, padres conscriptos, que se me acusa de no actuar virilmente por llevar a Zenobia en el paseo triunfal. Aquéllos que por esto me reprenden no podrían alabarme bastante si supieran qué mujer es ésta, si conocieran su sabiduría en las decisiones, su firmeza en las disposiciones y su severidad frente a los soldados; cuán generosa es cuando la necesidad lo requiere, y cuán rígida cuando la disciplina lo exige. Puedo decir que fue por su intervención por lo que Odenato venció a los persas y, tras poner en fuga a Sapor, llegó a Ctesifonte. Puedo asegurar que infundió tan gran temor entre los pueblos de Oriente y de Egipto que ni los árabes, ni los sarracenos, ni los armenios se revelaron contra su autoridad. Y no hubiera respetado su vida si no se supiera que ella fue muy útil al Estado romano, al retener para sí o para sus hijos el poder imperial en Oriente. Así, pues, que éstos, a los que nada complace, guarden para sí el veneno de sus propias lenguas. Pues si no es conveniente vencer y llevar en el triunfo a una mujer, ¿qué opinan de Galieno, para cuyo menosprecio ésta gobernó sabiamente el imperio?, ¿qué del divino Claudio, venerable y respetado general, que, según se dice, toleró que ella ejerciese el poder porque se encontraba ocupado en su expedición contra los godos? Y Claudio hizo esto calculada y sabiamente, para que, mientras ella guardaba la frontera oriental del imperio, él pudiera llevar a cabo con mayor seguridad lo que había determinado realizar».
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Este discurso muestra el juicio de Aureliano sobre Zenobia. De ella se dice que era tal su castidad que si no hubiera tenido el propósito de concebir, ni siquiera hubiera conocido a su marido. Pues, si en alguna ocasión se acostaba con él, mantenía su continencia hasta que llegaba la menstruación, por ver si estaba embarazada, y sólo en caso contrario le daba de nuevo la oportunidad de tener hijos. Vivió con pompa real. Prefería ser venerada según los modos persas y dio banquetes a la manera en que lo hacen los reyes de esta nación. Según la costumbre de los emperadores romanos, marchaba a las asambleas públicas cubierta con un casco y ceñida con una faja de color púrpura, de cuya orla colgaban piedras preciosas, y que tenía en medio un brillante de forma de caracol, prendido como si fuera un broche de mujer y, frecuentemente, con uno de sus brazos desnudo. Era de rostro oscuro, de color moreno, con unos ojos negros que irradiaban un vigor extraordinario, de espíritu divino, de una belleza increíble. Sus dientes eran tan blancos que muchos pensaban que tenía perlas en lugar de dientes. La voz, clara y semejante a la de un hombre. La dureza de los tiranos, cuando la necesidad lo exigía; la clemencia de los buenos príncipes, cuando la indulgencia lo reclamaba. Prudentemente generosa se encargaba de la custodia del erario mejor de lo que es habitual en el género femenino. Se servía de un carruaje, rara vez de un coche de mujer, y con frecuencia montaba a caballo. Se dice que a menudo caminaba con los soldados tres o cuatro millas. Cazaba con la pasión de los hispanos. Bebía frecuentemente con los generales, aunque normalmente era muy sobria; también bebía con persas y armenios con el fin de mostrarse superior a ellos. Utilizó vasos de oro con piedras preciosas en los banquetes, sirviéndose de aquéllos que habían pertenecido a Cleopatra. En el servicio tenía eunucos de edad avanzada, rara vez doncellas. Ordenó a sus hijos que hablaran en latín, de manera que se expresaban en griego con dificultad y en pocas ocasiones. Ella misma no era totalmente desconocedora del latín, pero lo hablaba cohibida por la vergüenza; por contra, se expresaba en egipcio de manera perfecta. Conocía de tal modo a historia de Alejandro y de Oriente, que, según se dice, ella misma escribió un epítome. No obstante, leía en griego la historia latina.
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Cuando Aureliano la hizo prisionera, tras ser conducida a su presencia, la inculpó en estos términos: «¿Por qué, Zenobia, te has atrevido a desafiar a los emperadores romanos?». Dicen que entonces ella contestó: «A ti, que has vencido, te reconozco como emperador, a Galieno, a Aureolo y a los demás príncipes no los consideré tales. Confiando en que Victoria fuera semejante a mí, deseé, si la magnitud del territorio lo hubiese permitido, compartir con ella el poder real». Así, fue conducida en un paseo triunfal tan pomposo como ningún otro de los presenciados por el pueblo romano. Engalanada, en primer lugar, con unas gemas tan enormes que se fatigaba por el peso de sus adornos. Pues, según se dice, esta mujer tan valerosa se detenía a menudo diciendo que no podía soportar el peso de sus joyas. Además, sus pies estaban atados con cadenas de oro; sus manos, con unas esposas del mismo metal, y en su cuello no faltaba un grillete, también de oro, que sostenía delante de ella un bufón persa. Le fue perdonada la vida por Aurelio y dicen que desde entonces vivió con sus hijos, como lo hace una matrona romana, en una hacienda de Tívoli que le fue concedida; ésta, todavía hoy, lleva el nombre de Zenobia y esta situada no lejos del palacio de Adriano y de ese lugar al que se le da el nombre de Concha.